Un traidor disfrazado

Un grupo de saqueadores llegó a la villa donde vivía Lerón. Empezaron a asesinar a sangre fría a todos en el lugar, y buscando riquezas para llevar, Lerón logró derribar a un par pero eran demasiados, atinó a correr hacia su hogar para proteger a su esposa. Lograron escaparse de la villa, rumbo al bosque aledaño, pero eran tantos, que habían inclusive pequeños campamentos de estos saqueadores por el bosque.

El guerrero avanzaba cauteloso por el bosque, acechando al enemigo, junto a su amada, estaban intentando escapar para sobrevivir. La mujer pudo escuchar que lo buscaban a él. Ésta hizo un grito para que los enemigos lo encontrasen, y así encuentren al guerrero y ella poder huir o que la dejaran ir.

El guerrero fue avistado por sus enemigos y empezaron a correr, aunque este ya empezó a desconfiar de su esposa, no podía comprender porque hizo eso. Ella tropezó, lastimándose un pié, pero él la cargó, para su mala suerte, recibiendo una flecha en su pierna, pero continuó.

Empezó a sangrar, estaba débil, cansado, herido y cargando a su esposa que no podía correr.
Ella sabía que no llegarían lejos, así que intentó salvar su pellejo primero, por lo que lo golpeó para que cayeran ambos y ser alcanzados por sus perseguidores.
Ella suplicando pidió que la dejaran viva. El guerrero la miraba con sorpresa, no podía creer que le traicionó por salvar su pellejo.
Rodeados ambos por los saqueadores, de en medio se abren paso para dejar llegar al líder de estos.
-Veo que hasta tu querida esposa te ha vendido, eso es deshonroso-
-Estoy acostumbrado, no me esperaba ese golpe, pero ya nada me sorprende- replicaba el guerrero ya malherido.
-Te propongo un trato, soy un hombre de principios, somos enemigos, pero tengo honor- Decía el líder bandido mientras desenfundaba su hacha.
-Agh! ¿antes de que me muera? Te escucho- quejándose el guerrero.
-Le haré un corte limpio a la altura del cuello a tu querida traidora, odio las personas así. A cambio, me darás información de tu flota, y te dejaré vivir-

El guerrero con lágrimas en los ojos, no sabía que decisión tomar, tenía pocas opciones, y la duda entró sucumbiendo todo su ser.

Un enemigo por mas sádico que fuese, nunca es peor que un traidor que se disfraza de aliado.

Lerón Tibaes

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